EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL (EZLN)

El 1º de enero de 1994, varios miles de indígenas chiapanecos ocuparon, por la fuerza de las armas, media docena de ciudades en Chiapas, dando a conocer a un, hasta entonces desconocido, grupo armado llamado EZLN. Entonces, nadie supo aclarar su sorpresiva existencia ni sus desconocidos orígenes, aunque ahora se sabe que estos hay que buscarlos en al menos dos grupos armados aparecidos a finales de los sesenta del siglo XX: el Ejército Insurgente Mexicano, y su continuador, las Fuerzas de Liberación Nacional, fundadas en agosto de 1969, fueron grupos originarios del norte mexicano, en Monterrey, pero que miraron desde entonces a Chiapas como un posible escenario donde desarrollar una lucha armada guerrillera. Por ello, a finales de los sesenta y a mediados de los setenta, varios destacamentos de las FLN exploraron la zona hasta que fueron reprimidos y desbaratados por el Ejército Federal en 1974. Un pequeño grupo de supervivientes de esta experiencia de las FLN, junto a un puñado de indígenas rebeldes chiapanecos, en conjunto media docena de personas, fundaron el EZLN el 17 de noviembre de 1983 en un campamento en el monte Chuncerro, en lo más profundo de la Selva Lacandona. Comenzó entonces una década de trabajo clandestino y silencioso que les permitió aparecer en enero de 1994 como una inédita experiencia armada que contaba con la participación y complicidad de centenares de comunidades y decenas de miles de indios chiapanecos.

Tras su irrupción pública en enero de 1994, el EZLN supuso un parteaguas, un hito fundamental, en la historia de los movimientos sociales y de la izquierda mexicana, latinoamericana y mundial. En México, se puede afirmar que es el día en que irrumpe políticamente el tercer milenio, al comenzar el fin de la dictadura perfecta priista que dominó el siglo XX, culminado con la inédita alternancia en la presidencia federal del panista Vicente Fox en 2000.

Varias son las más importantes contribuciones zapatistas al panorama sociopolítico mexicano. En primer lugar, su profunda aportación a la democratización del país, inaugurando lo que se dio en llamar la transición a la democracia, al propiciar una verdadera explosión de participación colectiva ciudadana más allá del anquilosado sistema partidario. En segundo lugar, conformó el más potente movimiento antirracista mexicano, colocando en primer plano del debate ciudadano la falta de integración y marginación de las decenas de pueblos originarios. Para ello, afirmó entre sus principales demandas la de la autonomía indígena, no sólo como posibilidad y necesidad de autogobierno integral, sino como una nueva fórmula de constitución democrática de una nación multicultural. Al tiempo, impulsó la conformación de un amplio movimiento indio con la constitución del Congreso Nacional Indígena (CNI) desde 1996. En tercer lugar, impulsó un nuevo tipo de feminismo y de revaloración de las mujeres con unas prácticas inéditas e inauditas en las comunidades indias, encarnadas en el ejemplo paradigmático de las comandantas Ramona o Esther o en la promulgación de la Ley Revolucionaria de Mujeres y su aplicación desde el primer día de la insurrección.

En un primer momento, hasta 2001, el zapatismo ocupó un lugar central en la escena política y gozó de una insospechada visibilidad mediática. Después de 2001, se replegó para concentrarse en la arquitectura y edificación de su institucionalidad autónoma, mientras que su definición y política de alianzas giraron, marcadas por un alejamiento global de la política oficial, para concentrarse en intentar una confluencia horizontal de la diversidad de fuerzas antagonistas mexicanas. Pese a lo esperado por una mayoría de los comentaristas, los zapatistas han demostrado una notable longevidad y arraigo
popular, sólo explicables por su proverbial flexibilidad y capacidad de adaptación y resistencia. Al tiempo, se muestran capaces de seguir conectados y empáticos con los más recientes movimientos sociales, como el que se opone a la militarización y la violencia desatadas por la llamada guerra contra el narcotráfico, el movimiento juvenil e indignado #yosoy132 o las nuevas autodefensas comunitarias.

En el ámbito latinoamericano, los zapatistas anunciaron la irrupción de un nuevo ciclo de luchas sociales, protagonizadas por múltiples movimientos indios y populares, unos movimientos llamados a cambiar de forma rápida y significativa el panorama político y crear nuevos momentos instituyentes en países pluriculturales y plurinacionales, como Ecuador o Bolivia. Con su ejemplo, también animaron el surgimiento o la consolidación de movimientos campesinos, que impulsaron la lucha por la tierra y la reforma agraria, como la Confederación Campesina en Perú o el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, o de movimientos urbanos, definidos por la apropiación colectiva de empresas o la edificación de nuevos enclaves urbanos, como los piqueteros o el movimiento villero en Argentina o Perú. Se trata de nuevos movimientos sociales, distintos a los sindicales, clásicos y hegemónicos en el siglo XX, ya que superan el ámbito laboral y se centran en prácticas territoriales de defensa del derecho a la tierra, la vivienda, la ecología o los derechos humanos postergados por la globalización capitalista.

Movimientos sociales compuestos, a diferencia del primer mundo, desde los márgenes sociales, por indígenas excluidos y campesinos o pobres urbanos. Unos movimientos que, con sus luchas callejeras insurgentes, consiguieron la caída de, al menos, cuatro gobiernos en Argentina, Bolivia o Ecuador, o la creación de nuevos momentos instituyentes en al menos los dos últimos países. Cabría destacar, al menos, tres enseñanzas con las que el zapatismo influyó en las múltiples prácticas alternativas, de orientación anticapitalista y tendentes a un cambio del paradigma de vida, que se ensayan actualmente en territorios americanos.

En primer lugar, su capacidad de desarrollar una nueva formulación social, una forma específica de heterotopía positiva, en términos foucaultianos, basada en la conjunción de las modernas preocupaciones ecológicas con las tradiciones mayas del lekil kuxlejal, en tzotzil y tzeltal, emparentadas con el sumak kawsay, en quechua, o el buen vivir, en castellano, concepción común rastreable en los pueblos indios de Abya Yala. Una orientación que, junto al impulso autonomista y autogestivo, desde abajo, se ve traducida en las nuevas relaciones sociales edificadas en el territorio de sus comunidades rebeldes, en sus nuevas instituciones, sistemas educativos y sanitarios o sus prácticas económicas basadas en lo común, como la agroecología en las tierras recuperadas o la búsqueda de formas de financiación autónomas del sistema bancario, junto a la comercialización justa de su producción agrícola. Esa heterotopía muestra, de forma embrionaria, la posibilidad de otras formas posibles de sociabilidad y gestión política, al margen del mercado y apostando desde el presente por una transformación integral de la vida, sin esperar a futuros hipotéticos o favorables correlaciones de fuerzas. Así, la revolución deja de ser un evento futurible para encarnarse en un ejercicio diario y cotidiano, definido por el propio andar colectivo, convirtiéndose en un verbo que se conjuga en gerundio.

En segundo lugar, lo que no deja de ser una paradoja más, un oxímoron, si recordamos la presencia de la estructura militar de la organización zapatista, su disposición, ajena al vanguardismo, de articular de forma horizontal la confluencia contrahegemónica de una diversidad de fuerzas sociales y políticas que huyen de un único patrón de identidad. Así, apuestan por repartir poder en vez de concentrarlo, con el ejercicio de la autogestión y el autogobierno, huyendo de cualquier ortodoxia ideológica, con el uso de una ya proverbial flexibilidad, del caminar preguntando, guiados por unos principios básicos de libertad, emancipación individual y colectiva, de defensa de lo común, encarnados en el mandar obedeciendo.

En tercer lugar, su vocación, ahora ya estratégica, de una radical autonomía frente al Estado y la política oficial, de arriba, inspirando algunas de las últimas reflexiones críticas de los movimientos indígenas, campesinos o urbanos, con respecto a la gestión gubernamental de la izquierda oficial en Ecuador, Bolivia o Brasil. En efecto, algunas de sus políticas, como el extractivismo minero, por ejemplo, entran en contradicción con la simultánea proclamación del principio, ahora legal y constitucional en Ecuador
y Bolivia, del sumak kawsay. El zapatismo muestra en sus Juntas de Buen Gobierno otras formas, más horizontales y participativas, de ejercer la gestión de lo común, en la que las consignas de caminar al paso del más lento o de bajar y no subir priorizan, frente al elitismo y la urgencia de la necesidad, la difícil y más lenta construcción de consensos comunitarios.

Si el impacto del zapatismo en México y en América Latina ha sido considerable, en el resto del mundo su eco no ha sido menor. El Encuentro Intergaláctico de 1996, convocado en Chiapas “por la humanidad y contra el neoliberalismo”, fue señalado por muchos como el antecedente directo del movimiento antiglobalización nacido en Seattle y desarrollado en Praga, Génova o Barcelona, de forma que el nuevo paradigma alternativo se caracterizó por su oposición a la imposición global del modelo neoliberal.
También se ha subrayado, acertadamente, su influjo en el surgimiento del fenómeno Indymedia y el creciente peso e importancia de los medios alternativos en el nuevo panorama informativo, del mismo modo que se señala su influjo en fenómenos asociativos como Anonymous o Wikileaks. La esperanza zapatista es la primera en merecer el neologismo glocal, por el que un movimiento muy localizado territorialmente, surgido en un espacio y condiciones muy específicas, no sólo se enfrenta a problemas nacionales, sino ya transnacionales, para los que proponen soluciones posnacionales, consiguiendo así una repercusión global. Una fenomenal resonancia en múltiples ámbitos culturales, artísticos y comunicativos que no será ajena, sino explicada, por la eficacia de su nuevo discurso rompedor y sorprendente, distribuido globalmente por el uso que el zapatismo hizo del entonces naciente internet, y rastreable no sólo en ese incipiente movimiento alterglobalizador, sino en Vía Campesina, el más importante movimiento rural internacional actual y uno de los pilares más fuertes de los Foros Sociales Mundiales.

Así, el zapatismo ejercerá también de inspirador de la última generación de novísimos movimientos sociales, surgidos con la expansión mundial de la globalización neoliberal tras la crisis de las utopías colectivistas nacidas en el XIX y materializadas en el siglo XX en los conocidos como socialismos reales, experiencias frustrantes caídas mayoritariamente tras 1989. Unos novísimos movimientos caracterizados por una profunda renovación de las prácticas y los discursos de las cenizas de la vieja izquierda, que han adoptado unas formas organizativas más horizontales y unos repertorios de acción colectiva mediados por el uso híbrido de las nuevas tecnologías y redes de la información. Se trata de unas redes puestas al servicio de la movilización callejera y convertidas en nuevos paradigmas organizativos descentralizados,más ágiles, laxos y democráticos, característicos de las primeras décadas del siglo XXI. Unas redes que prefiguran un nuevo ideal de actuación y participación en ese otro mundo posible, donde la subjetividad y la acción autónoma, en primera persona, se conjugue con la acción colectiva de un nosotros plural que disminuye la delegación heterónoma, tan característica de la democracia representativa, para apostar, abundar y ahondar en la democracia participativa.

Por ello, desde el ciberactivismo en la red, iniciado por los zapatistas en los años noventa, estamos asintiendo al despliegue de la nueva tecnopolítica, es decir, al uso activista de diversas herramientas digitales para la invención de nuevas capacidades de intervención social, que pueden nacer en la red pero no se acaban ahí, sino que se proyectan simultáneamente en la realidad. Se trata así de ocupar el espacio informativo y de debate en las redes para pasar también a ocupar el espacio público real, creando espacios de deliberación e intervención social directa frente al espacio cerrado y anquilosado de las instituciones. De ello nos hablan experiencias como la metáfora de las calles y plazas ocupadas por movimientos como los que formaron las primaveras árabes, el 15-M español, los Occupy norteamericano o inglés en 2011, el turco Parque Gezi o el brasileño Passe Livre en 2013, y que tienen sus correlatos mexicanos en el #yosoy132 en 2012 o en las mantenidas protestas sociales por los 45 estudiantes desaparecidos en Iguala desde 2014.

Se trata, sin lugar a dudas, de una de las más longevas y exitosas experiencias contemporáneas de transformación social, una especie de spoiler de lo más avanzado en prácticas de transformación social y construcción de autonomía. Una experiencia con dos décadas de trayectoria de la que han extraído importantes enseñanzas, mismas que han tratado de transmitir a sus seguidores en México y en otros países a través de la Escuelita Zapatista celebrada, en su primera edición, entre 2013 y 2014.

El zapatismo constituye una privilegiada metáfora insurgente que se plasmó en Chiapas en la marcha del silencio de diciembre de 2012, cuando los zapatistas abarrotaron por decenas de miles varias ciudades chiapanecas, escenificando, en sus palabras, la muerte del viejo mundo que se derrumbaba y de su nuevo mundo que renacía.

Para conocer más:

Hay múltiples trabajos sobre el EZLN. En mi tesis, dedico el tercer capítulo a desbrozar algo sobre su historia e impacto inicial. En libros, uno de los más destacados es El fuego y la palabra (2003), de la periodista Gloria Muñoz Ramírez. Sobre la historia de las FLN hasta la fundación del EZLN, hay que destacar las dos tesis de Adela Cedillo Cedillo (2008): El fuego y el silencio. Historia de las FLN (1969-1974) (Tesis de licenciatura)

http://www.cedema.org/ver.php?id=6604

y (2010): El suspiro del silencio. De la reconstrucción de las FLN a la fundación del EZLN (1974-1983) (Tesis de maestría).

https://www.academia.edu/3615334/El_suspiro_del_silencio._De_la_reconstrucción_de_las_Fuerzas_de_Liberación_Nacional_a_la_fundación_del_Ejército_Zapatista_de_Liberación_Nacional_1974-1983_


Vídeo documental

Hay centenares de trabajos documentales sobre el EZLN. En la tesis se dedican tres apartados, en los capítulos cuatro, cinco y seis, a recoger la mayor parte de ellos. De entre esos, se pueden destacar tres. El primer vídeo documental sobre el EZLN, estrenado en septiembre de 1994, es el dirigido por Epigmenio Ibarra para la productora Argos, con el título Viaje al corazón de la selva. Memorial zapatista.
https://www.youtube.com/watch?v=rc2W4_NArWk

Zapatistas. Crónica de una rebelión (2003). Largometraje documental, una coproducción entre La Jornada y Canal seis de julio, estrenado el 9 de septiembre de 2003 en la Cineteca Nacional, que documenta desde el levantamiento de 1994 hasta las fiestas de la constitución de las JBG en agosto de 2003. Fue dirigido por Víctor Mariña y Mario Viveros, con la participación de Luis Hernández Navarro, Nancy Ventura o Fabricio León. También participan Promedios y los camarógrafos de los municipios autónomos zapatistas. La edición de los dos vídeos se acompañaba de una revistilla de más de setenta páginas con un texto de introducción, en castellano e inglés, de Luis Hernández y una recopilación de sesenta de las mejores fotografías documentales del proceso de ese decenio, del inmenso acervo publicado en el diario La Jornada.

https://www.youtube.com/watch?v=AVsozwJjRKs

20 y 10. El fuego y la palabra (2003. Vídeo documental que forma parte de la campaña zapatista 20 y 10 desarrollada entre 2003 y 2004, en recuerdo de la fundación del EZLN en 1983 y su aparición pública en 1994, dirigido conjuntamente por media docena de realizadores: Ana Bellinghausen, Lucrecia Gutiérrez, Arturo Sampson, Ramón Vera, Alberto Cortés y Jesús Ramírez. Se trata de una historia que no sigue un recorrido cronológico y que huye de las personalidades más conocidas para componer un retrato coral de la revuelta de 1994 hasta la formación de los Caracoles en 2003.

https://www.youtube.com/watch?v=uFVJ6wyK3JE

Discurso

Una de las más importantes aportaciones del zapatismo ha sido su privilegiada utilización de un discurso novedoso que se constituye como una de sus más importantes herramientas simbólicas, la más destacada junto a su capacidad de creación de nuevas realidades y prácticas autogestoras al margen del estado y del mercado. Para conocer más sobre él, nada mejor que acudir a su inmenso acervo de materiales, recogidos en su página oficial

http://enlacezapatista.ezln.org.mx