LITERATURA

El argentino Juan Gelman fue uno de los primeros escritores que fueron a Chiapas, como reportero, en enero de 1994. Su profundo conocimiento del zapatismo le permite afirmar que el prestigio literario del subcomandante Marcos es un “fenómeno raro, sin antecedentes en el mundo porque su fama de escritor dimana de la prosa que vuelca en los comunicados que firma en nombre del EZLN” (La Jornada, 21 de abril de 1996). El hecho de que su discurso sea doblemente percibido, como discurso político y como discurso literario hace que el impacto del zapatismo en el mundo literario sea importante. Tuvo mucho que ver en ello no sólo el nuevo discurso zapatista, sino las diversas relaciones epistolares que Marcos mantuvo con muchos escritores: Monsiváis, Fuentes, Galeano, Benedetti, Saramago, Villoro, Gelman o Vázquez Montalbán. Desde un comienzo, hubo bandos enfrentados en sus filias y fobias, influenciados quizás más por la opinión que se tenía del movimiento que por la propia calidad literaria de Marcos.

Entre sus iniciales partidarios destacaban, en México, Carlos Monsiváis, Juan Bañuelos, Óscar Oliva, Paco Ignacio Taibo II, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Fernando del Paso o Luis Villoro, mientras que sus detractores estaban encabezados por Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, al tiempo que Octavio Paz alabó su estilo discursivo sin compartir sus conclusiones. En el panorama mundial, la polémica arreciaba. Una larga lista de escritores, encabezada por algunos premios Nobel, demostraban su simpatía por el subcomandante escritor: José Saramago, Darío Fo, Umberto Eco, John Berger, Norman Mailer, Juan Gelman, Ernesto Galeano, Mario Benedetti, Manuel Vázquez Montalbán, Maruja Torres, hasta llegar a la exageración de Regis Debray que llegó a calificar a Marcos como el mejor narrador latinoamericano vivo. Por el contrario, sería Mario Vargas Llosa quién se convirtiera en el más potente opositor del zapatismo en el mundo literario hispánico. Esta polémica, descrita en su fase inicial en México por Jorge Volpi en su libro La guerra y las palabras (2004), se manifestaba en artículos de opinión, en tomas de postura públicas ante acontecimientos determinados y en diferentes escenarios y palestras. Así, las revistas Letras Libres o Vuelta, para los detractores, o La Jornada y Proceso, para sus seguidores, fueron escenarios privilegiados de debate, al igual que otros foros influyentes como la propia FIL de Guadalajara.

Estas tomas de posición pública fueron constantes y un ejemplo paradigmático es el caso de Carlos Fuentes, muestra destacada de la evolución de buena parte de los intelectuales y escritores mexicanos. En 1994, manifiesta una sorpresa inicial, que aunque comprende los motivos de la revuelta (pobreza, despojo, injusticia), no comparte sus métodos violentos: de hecho le auguró a la revuelta “una corta vida” (El País 9-1-1994). Enseguida pasa a reconocer el valor revulsivo de su lenguaje: “la revolución chiapaneca, entre sus virtudes, tiene la de poseer un vocabulario fresco, directo, poscomunista. El subcomandante Marcos, me parece, ha leído más a Carlos Monsiváis que a Carlos Marx” (El País, 22-2-1994). Después, diversas tomas de postura zapatistas forzaron su alejamiento de éste, incluso una crítica bastante demoledora: en 2002, tras el exabrupto de Marcos contra el juez Garzón, Fuentes denunció a un Marcos “convertido en una especie de Kurtz conradiano en el corazón de las tinieblas, (que) viene a sumarse a otro ominoso ejemplo de la intolerancia desde la izquierda” (Chávez). La intolerancia de Marcos, según Fuentes, “rebaja su lucha e insulta, más que a Garzón o a Aznar, a los indios de México” (El País, 18-12-2002). A pesar de ello, pocos días después visitó a Marcos en La Realidad, acompañado de Saramago y Vázquez Montalbán, dónde tuvo ocasión de discutir con el subcomandante sobre esta polémica, tras lo que declaró que a Marcos “se le había ido la mano” (Crónica, 28-12-2002).


El zapatismo utilizó de forma activa la producción literaria de Marcos. Así, las recopilaciones de textos, tanto políticos como narrativos o poéticos de Marcos, fue habitual en diversos países, muchos de ellos con la intención, añadida a la de conseguir simpatía o difundir sus posiciones, de recoger dinero y apoyo material para la autonomía zapatista. Entre ellos, destacaban las recopilaciones de cuentos de dos de sus mejores creaciones literarias: el escarabajo Durito y el Viejo Antonio.

Otro flanco que desarrolló posteriormente Marcos fue la producción de materiales literarios independientes de su labor como portavoz zapatista. Entre ellas, destacan dos títulos: Muertos incómodos (2005) y Noches de fuego y desvelo (2007). Ambos tienen en común que son producciones escritas a varias manos, fruto de la colaboración de Marcos con otros autores. La primera está firmada por Paco Ignacio Taibo II, que se hace cargo junto a Marcos de cada capítulo de forma alternativa, conformando una novela negra en la que colaboran el detective Héctor Belascoarán y el investigador zapatista, comisión de investigación, Elías Contreras.

En el caso de Noches de fuego y desvelo, participan Marcos, el pintor Antonio Ramírez y el diseñador Efraín Herrera, que firman un libro erótico “a seis manos”, concebido como un libro-objeto de arte, con los textos de Marcos ilustrados con las pinturas, de sexo explícito, de Ramírez y cuidado diseño de Herrera del que se editaron sólo 1.000 ejemplares a un precio
de 60 euros.

Hubo muchos escritores mexicanos que reflejaron el conflicto en sus obras: Óscar Oliva, Juan Bañuelos, Vicente Leñero, Eraclio Zepeda, Efraín Bartolomé, Jorge Volpi, Edgardo Bermejo Mora, Heberto Morales, Jaime Avilés, Fran Ilich, Juan Villoro, Carlos Monsiváis, Juan Patricio Lombera, Paloma Villegas, Carlos Ímaz o Alejandro Aldana. Finalmente, el zapatismo sirvió también para impulsar la revaloración de la producción literaria indígena, como muestra la creación en Chiapas del CELALI en 1997 y la obra emergente de escritores como Marián Peres Tzu, Josías Gómez López, Ruperta Bautista Vásquez, Juana Karen, Nicolás Huet o Enrique Pérez López

También hubo quien escribió sobre el movimiento o colaboró literariamente con él. Uno de los mejores ejemplos de estos esfuerzos solidarios fue la coedición en México y España, por el FZLN y colectivos solidarios españoles, de Las voces del espejo (1998). Se trata de una obra colectiva que muestra y recrea, en cuidada edición, la interacción entre las ilustraciones y dibujos de niños indígenas chiapanecos con trabajos inéditos, creados expresamente para este libro, de veintidós narradores, poetas y periodistas de renombre en el mundo literario en español. Entre ellos podemos encontrar a los más destacados de la nómina prozapatista, incluyendo varios premios Nobel de Literatura: por el lado mexicano, están Sealtiel Alatriste, Juan Bañuelos, Marco Antonio Montes de Oca, Óscar Oliva, José Emilio Pacheco, Agustín Jiménez, David Huerta y el subcomandante Marcos; de España, Rafael Alberti, Bernardo Atxaga, Juan Goytisolo, Armando López Salinas, Jesús Ferrero, Rosa Regás, Manuel
Rivas, Javier Marías y Manuel Vázquez Montalbán; acompañados por los uruguayos Mario Benedetti y Eduardo Milan, el italiano Darío Fo, el guatemalteco Luis Eduardo Rivera y el portugués José Saramago. Éste último, particularmente después de Acteal en 1997, fungió hasta su muerte como el más destacado defensor del zapatismo en múltiples foros internacionales e iniciativas solidarias diversas, papel reconocido por Marcos en varios comunicados y textos diversos.

En España, otros escritores también se ocuparon del conflicto, Jordi Sierra i Fabra, Joaquín Sabina, Rafael Chirbes, Belén Gopegui o Ignacio Vidal-Folch. En Estados Unidos novelistas como Alice Walker, Kurt Vonnegut, Kurt Andersen, Nel Pollack, Don Winslow o el poeta Martin Espada también escribieron sobre Chiapas. En Chile, Pedro Lemebel o Marcela Serrano. En Italia, Umberto Eco o Wu Ming. En Francia Nadège Mazars, Damien Fellous, Jules Falquet o Patrice Haffner. El inglés Jhon Berger ha mantenido una cordial relación con Marcos y ha utilizado el zapatismo como material literario en varios de sus libros, como en El tamaño de una bolsa (2004).

El cómic, la caricatura y la novela gráfica zapatista

Dentro de las publicaciones, aunque no en el campo literario, hay que destacar que el zapatismo ocupó un lugar privilegiado en el trabajo de los caricaturistas y humoristas gráficos, moneros, mexicanos. En primer lugar, en la obra del padre del humor gráfico mexicano Eduardo del Río, Rius, desde la década de los noventa. En segundo lugar, en los periódicos mexicanos de referencia, como Reforma, El Universal o La Jornada, con trabajos destacables de El Fisgón, Magú, Helguera o Hernández. Al igual que sucede en el campo literario, el propio Marcos también utiliza el cómic y la literatura en sus comunicados, al tiempo que reconoce su admiración y la influencia que ejerció en su formación Rius.

El monero Arturo Kemchs publicó en 2001 el primer libro de caricaturas sobre el movimiento zapatista, Chiapaz. Caricaturas por la paz. Pero después fueron algunos más, como el francés Philippe Squarzoni, con Garduno, en temps de paix (2002), Zapata en temps de guerre (2003) y el muy interesante Subcomandante contra el capitán América (2009); los alemanes Findus y Luz Kerkeling, con Kleine Geschichte des Zapatismus. Ein schwarz-roter Leitfaden (2011); los argentinos Sanyú y Hernán Ouviña con Zapatismo para principiantes, (2007). En España, hay que citar a dibujantes como Juan Kalvellido, Azagra, Mediavilla o Gallardo y, de forma destacada, la cuidada novela gráfica de Javier de Isusi La pipa de Marcos (2004).